lunes, 27 de febrero de 2012


Ha helado
Eva Palencia

Abrazando a tus hijos pequeños.

Abrazando a tu mujer.

Tus pies descalzos en el suelo frío cuando te levantas de la cama y vas a la ventana. Tienes sesenta y cuatro años. Afuera, la atmósfera es gris, casi blanca, no se ve el sol. Te preguntas: ¿Cuántas mañanas quedan?

Se ha cerrado una puerta. Otra se ha abierto.

Has entrado en el invierno de tu vida.


De Diario de invierno de Paul Auster.

Una pequeña sorpresa
Eva Palencia

Ya estoy muy impaciente. A medida que se acerca el día lo paso peor porque me pongo nerviosa y me entra cierta angustia que no puedo controlar.Falta muy poco y por ello el tiempo ha comenzado a dilatarse. Por las noches tengo pesadillas, de esas que se pegan a los poros de la piel y que permanecen cuando deberían de haberse quedado acostadas, en la cama. No queda nada.

jueves, 5 de enero de 2012


Ovejas mirando el infinito
Eva Palencia

Esta mañana he salido a pasear. Hacía un día de ensueño, de esos de invierno con un sol que te hace pensar que las noticias mienten y que las cosas no podrían ser mejores. Me he tumbado en la hierba, al lado de unas ovejas, y he mirado en la misma dirección que ellas. He dejado de ser durante un tiempo incierto hasta que un corderillo se ha acercado a lamerme la frente. Lo he cogido como a un bebé y he inspirado su olor a flores, a lana, a campo. Seguidamente lo he soltado y se ha ido brincando para acabar bajo la ubre de su madre. He vuelto a casa como volvía a los ocho años, feliz y con ganas de comer.

domingo, 6 de noviembre de 2011


Muy cerca
Eva Palencia

Entro en el baño y antes de cerrar la puerta la veo cruzar el pasillo, de luto, como iba siempre. Sin mirarme desaparece y, cuando salgo para comprobar si estoy loca, percibo su olor.

Desde el salón la observo entretenida comiendo en la cocina, absorta en la tarea de dejar los huesos de pollo más limpios que una patena, sonriéndome de perfil.

Antes de dormirme, mi espalda roza la suya, como lo hacía cuando era pequeña y, después de cenar, me acercaba a su casa para que no durmiese sola y no se pasase la noche entera llorando la muerte de su hija, mi tía Mery.

Mi abuela se fue hace demasiados años pero, por suerte, nunca ha dejado de volver.

domingo, 23 de octubre de 2011


Autorretrato
Eva Palencia

A mí también me pasa, no me gusto en las fotos. No sé... la expresión de la boca, el perfil, la ropa del día en cuestión... no hay manera. ¿Así soy yo? Me pregunto continuamente. ¿Por qué las fotos me muestran tan diferente a como suelo verme en el espejo? No es que me apasione mi imagen reflejada, pero reconozco que muchas veces me satisface, por ejemplo, con el pelo recién lavado, cuando me arreglo para salir, algunos días en los que tengo una mirada más brillante y una piel más limpia.
Puede que me intimide la mirada de los demás al posar y me sea imposible mostrar naturalidad. Para descartar opciones me he encuadrado a mí misma y me he mirado a los ojos como si en realidad no estuviese ante el objetivo sino tras él, desdoblándome. El resultado sigue siendo raro. ¿Esa soy yo?

sábado, 22 de octubre de 2011



Trozos del Paraíso
Eva Palencia

Fuimos hasta Valdesotos, a una media hora de Guadalajara. Hacía calor, del tipo pasado ya de estación, un poco pegajoso. Nada más llegar comenzamos a andar por el camino, con la comida a cuestas. Al minuto Samuel quería comer y paramos cerca del puente, al lado del arroyo. Tortilla, mejillones y poco más. Tiramos piedras al agua y fotografié las hojas de colores de una higuera. Continuamos hasta perdernos. Al cabo de un tiempo conseguí encontrar el paso de piedras que cruza al otro lado del arroyo y que, entre una vegetación casi imposible, conduce a la cascada y a la poza de plata. Nos quedamos allí durante un buen rato, extasiados, y luego volvimos.

domingo, 16 de octubre de 2011


El tiempo
Sara Gómez

Soy diferente a como era hace unos años. Muy diferene. Ya no sueño las mismas cosas. Mi mente deambula por sitios distintos a los elegidos antes. Mi cara ha cambiado. Mi cuerpo es más pequeño. Mis manos se parecen a las de mi madre. Ya no soy yo, la qué tú conociste, la que yo conocí. Ahora he perdido el miedo, completamente. ¿Qué más puede pasarme? Sólo esa angustia permanece, esa que solía tener al despertarme.

Finca Río Negro (Cogolludo)
Eva Palencia

Hay lugares que enseguida te enganchan, nada más llegar a ellos se te pegan a la piel. Hay otros, en cambio, que se acercan con un leve roce, de puntillas. Pero con el paso del tiempo éstos también acaban atravesando la epidermis y penetrando en lo profundo del ser, de forma lenta. Yo he tardado mucho en darme cuenta de que debía ser paciente y dejarme acariciar por estos paisajes, simplemente eso.

domingo, 9 de octubre de 2011


La soledad de Lemon.
Eva Palencia

Samuel había acabado su cena y se disponía a prepararse el postre. Yo, más lenta, seguía entretenida con el filete y las noticias de la noche. De pronto, Samuel se puso ante mí y con cara compungida me dijo:
- Mamá, ha sucedido algo.
- ¿Qué has hecho esta vez?¿se te ha vertido la leche?
- No, algo peor. Creo que Orange se ha muerto. No se mueve.
Me levanté rápidamente y entré en la cocina. En efecto, no abría la boca, ni batía las aletas. No se desplazaba de un lado a otro, no rozaba las paresdes de la pecera con los labios ni giraba su pequeño cuerpo repentinamente cuando yo golpeaba suavemente la pecera con mis dedos. No hacía ninguna de esas cosas que solía hacer desde que lo habíamos traído a casa, cinco días atrás, desde que había empezado a convertirse en una presencia habitual, en parte de nuestra rutina y nuestra vida. Había dejado de ser y ahora siemplemente estaba.
Samuel se sentía un poco triste, no demasiado. Yo no sabía si tenía que sentir algo.
-¿Qué hacemos mamá, lo enterramos?
-Si,claro.
Lo cogimos y después de repasar las posibilidades decidimos poner su cuerpo al lado de la lavanda que habíamos plantado a la entrada de la casa. Seguidamente lo cubrimos con la tierra y tras lavarnos las manos nos plantamos delante de Lemon a observar cómo se desplazaba de un lado a otro ya sin compañía.

martes, 4 de octubre de 2011


Orange y Lemon
Eva Palencia

Estos peces ahora viven conmigo. Samuel se empeñó en comprarlos y no pude negarme. Por las mañanas, mientras desayuno, me dedico a mirarlos. Se mueven lentamente, la pecera no da para más, abren la boca continuamente, nunca cierran los ojos. Creo que ellos no pueden verme, simplemente, supongo, sienten mi presencia y se asustan cuando pongo mi dedo delante de sus narices, si es que tienen narices.
A las tres, que es cuando Samuel regresa del instituto, les damos de comer. A veces Orange se traga prácticamente todo dejando a Lemon mustio. Otros días sucede justo lo contrario.
Nos imaginamos que se llevan bien, que se están haciendo amigos, pero no sé yo, en el fondo creo que comienzan a no soportarse. Demasiado tiempo juntos sin prácticamente nada que hacer.

domingo, 25 de septiembre de 2011



Parte de mi cuerpo
Eva Palencia

Intento no olvidarme de mis pies. En verano, con tantas distracciones, los descuido y ellos protestan con grietas. Arrepentida los hidrato cada noche hasta que se vuelven suaves de nuevo. Los masajeo, les pinto las uñas, los perfumo y así descansan y yo me reconcilio con esas partes tan lejanas de mi cuerpo que a veces no siento como mías.

jueves, 22 de septiembre de 2011



Cortinas de mi antigua habitación (Hinojal)
Eva Palencia

En la naturaleza todo tiende al equilibrio.El salto de la presión atmosférica se equilibra con el viento. La diferencia en temperaturas se compensa por el cambio térmico. Dondequiera que exista el potencial excesivo de cualquier energía surgen las fuerzas equiponderantes orientadas a la eliminación de distorsiones.

(Del libro: Reality transurfing. El espacio de las variantes.
Del autor ruso Vadim Zeland)

martes, 20 de septiembre de 2011



La Vera
Eva Palencia


Este verano he viajado por Extremadura de nuevo. He visitado sitios en los que había estado con anterioridad y me han parecido distintos y a la vez familiares. Todo ha cambiado ligeramente con el tiempo: nuevas carreteras, casas, plazas, salas de exposición, bares y restaurantes, nuevos cultivos. Sin embargo mis sensaciones allí siguen siendo las mismas, hay algo muy profundo que me devuelve a la persona que era y que aún sobrevive un poco escondida, transformada por otros paisajes y vivencias, pero inalterable en lo más básico y primigenio.

sábado, 17 de septiembre de 2011



En el patio de mis padres (Hinojal)
Eva Palencia

La parra cubre el patio casi por completo. Los pequeños huecos que dejan algunas hojas permiten la entrada de algún qué otro rayo de sol. Esta mañana un racimo estaba iluminado. Las uvas parecían de cristal.

Plantas en el monasterio de Guadalupe
Eva Palencia

El amor es una energía muy poderosa. A veces me asusta y la quiero sacar de mi cuerpo, encerrarla en un cofre y guardar la llave y así tratar de domarla, pero es incontrolable, no puedo. Por eso me asusta, porque me abduce y me roba parte de mí, y me siento insegura y débil en algunos momentos.

miércoles, 31 de agosto de 2011


La piscina del hotel (Salou)
Eva Palencia

Hace cuatro años comencé a nadar habitualmente. Me di cuenta que nadando podía abandonar mi mente junto a la toalla y así dejar de pensar. También, a veces, asombrosamente, conseguía quitarme el corazón antes de zambullirme y dejaba de sufrir durante treinta largos. Nadar me salvó. Por eso, desde entonces, cuando viajo me aseguro que todos los hoteles a los que voy tengan piscina, por si acaso, de repente, la vida intenta ahogarme de nuevo.

martes, 9 de agosto de 2011


Lavanda (La Provenza)
Juan Miguel Fernández

Hoy he vuelto a casa y, al salir al patio, me he asustado al ver el canalón hecho pedazos. He supuesto que un fuerte viento lo ha tirado y despedazado contra las plantas que yo había colocado unas al lado de las otras, para que se refrescasen y acompañasen en mi ausencia. De haber estado allí, quién sabe, podría haberme caído en la cabeza y haberme matado. No lo he recogido y, con sumo cuidado, he cerrado la puerta del patio y he vuelto a marcharme sin deshacer la maleta, convencida de que aún no ha llegado el momento de convertirme en quien suelo ser.
Eva Palencia.

lunes, 1 de agosto de 2011



Saintes Maries de la Mer
Eva Palencia

Me gustan los deportes de riesgo aunque yo no practico ninguno. Cuando conozco a gente que hace alpinismo, se tira en paracaídas o se lanza desde un puente, la observo y luego paso al interrogatorio. ¿Por qué?
La respuesta suele ser vaga y yo sigo con mis cuestionamientos. Creo que me gusta la gente rara, en toda la amplitud del adjetivo. Creo que no entender tiene sentido.

martes, 17 de mayo de 2011


El pozo
Eva Palencia

En el pozo hay una mano negra que sale si te asomas. Yo nunca me asomé hasta hoy. Fui protegida por la cámara y la mano no salió. Esperé durante horas y nada y entonces me cansé y disparé. Mi padre se asustó y me regañó y yo puse la cámara en el suelo y lo abracé. Volví a mirar ya sin cámara y la vi. No era negra, como siempre habían dicho, era una mano pálida, sin vida.

Tu cuello
Sara Gómez

Me gusta besarte el cuello. Cuando me apetece morderlo me reprimo y simplemente lo rozo con mis dientes. Me alejo a veces de él, tratando de aplacar las ganas y, cuando ya se calman, me acerco de nuevo y lo paseo con mi lengua. Adoro tu cuello, la delicadeza de la piel, la transparencia... Me gusta dormirme acurrucando mi cabeza en él, tapándome con tu pelo si hace frio.