sábado, 22 de octubre de 2011



Trozos del Paraíso
Eva Palencia

Fuimos hasta Valdesotos, a una media hora de Guadalajara. Hacía calor, del tipo pasado ya de estación, un poco pegajoso. Nada más llegar comenzamos a andar por el camino, con la comida a cuestas. Al minuto Samuel quería comer y paramos cerca del puente, al lado del arroyo. Tortilla, mejillones y poco más. Tiramos piedras al agua y fotografié las hojas de colores de una higuera. Continuamos hasta perdernos. Al cabo de un tiempo conseguí encontrar el paso de piedras que cruza al otro lado del arroyo y que, entre una vegetación casi imposible, conduce a la cascada y a la poza de plata. Nos quedamos allí durante un buen rato, extasiados, y luego volvimos.

domingo, 16 de octubre de 2011


El tiempo
Sara Gómez

Soy diferente a como era hace unos años. Muy diferene. Ya no sueño las mismas cosas. Mi mente deambula por sitios distintos a los elegidos antes. Mi cara ha cambiado. Mi cuerpo es más pequeño. Mis manos se parecen a las de mi madre. Ya no soy yo, la qué tú conociste, la que yo conocí. Ahora he perdido el miedo, completamente. ¿Qué más puede pasarme? Sólo esa angustia permanece, esa que solía tener al despertarme.

Finca Río Negro (Cogolludo)
Eva Palencia

Hay lugares que enseguida te enganchan, nada más llegar a ellos se te pegan a la piel. Hay otros, en cambio, que se acercan con un leve roce, de puntillas. Pero con el paso del tiempo éstos también acaban atravesando la epidermis y penetrando en lo profundo del ser, de forma lenta. Yo he tardado mucho en darme cuenta de que debía ser paciente y dejarme acariciar por estos paisajes, simplemente eso.

domingo, 9 de octubre de 2011


La soledad de Lemon.
Eva Palencia

Samuel había acabado su cena y se disponía a prepararse el postre. Yo, más lenta, seguía entretenida con el filete y las noticias de la noche. De pronto, Samuel se puso ante mí y con cara compungida me dijo:
- Mamá, ha sucedido algo.
- ¿Qué has hecho esta vez?¿se te ha vertido la leche?
- No, algo peor. Creo que Orange se ha muerto. No se mueve.
Me levanté rápidamente y entré en la cocina. En efecto, no abría la boca, ni batía las aletas. No se desplazaba de un lado a otro, no rozaba las paresdes de la pecera con los labios ni giraba su pequeño cuerpo repentinamente cuando yo golpeaba suavemente la pecera con mis dedos. No hacía ninguna de esas cosas que solía hacer desde que lo habíamos traído a casa, cinco días atrás, desde que había empezado a convertirse en una presencia habitual, en parte de nuestra rutina y nuestra vida. Había dejado de ser y ahora siemplemente estaba.
Samuel se sentía un poco triste, no demasiado. Yo no sabía si tenía que sentir algo.
-¿Qué hacemos mamá, lo enterramos?
-Si,claro.
Lo cogimos y después de repasar las posibilidades decidimos poner su cuerpo al lado de la lavanda que habíamos plantado a la entrada de la casa. Seguidamente lo cubrimos con la tierra y tras lavarnos las manos nos plantamos delante de Lemon a observar cómo se desplazaba de un lado a otro ya sin compañía.

martes, 4 de octubre de 2011


Orange y Lemon
Eva Palencia

Estos peces ahora viven conmigo. Samuel se empeñó en comprarlos y no pude negarme. Por las mañanas, mientras desayuno, me dedico a mirarlos. Se mueven lentamente, la pecera no da para más, abren la boca continuamente, nunca cierran los ojos. Creo que ellos no pueden verme, simplemente, supongo, sienten mi presencia y se asustan cuando pongo mi dedo delante de sus narices, si es que tienen narices.
A las tres, que es cuando Samuel regresa del instituto, les damos de comer. A veces Orange se traga prácticamente todo dejando a Lemon mustio. Otros días sucede justo lo contrario.
Nos imaginamos que se llevan bien, que se están haciendo amigos, pero no sé yo, en el fondo creo que comienzan a no soportarse. Demasiado tiempo juntos sin prácticamente nada que hacer.

domingo, 25 de septiembre de 2011



Parte de mi cuerpo
Eva Palencia

Intento no olvidarme de mis pies. En verano, con tantas distracciones, los descuido y ellos protestan con grietas. Arrepentida los hidrato cada noche hasta que se vuelven suaves de nuevo. Los masajeo, les pinto las uñas, los perfumo y así descansan y yo me reconcilio con esas partes tan lejanas de mi cuerpo que a veces no siento como mías.

jueves, 22 de septiembre de 2011



Cortinas de mi antigua habitación (Hinojal)
Eva Palencia

En la naturaleza todo tiende al equilibrio.El salto de la presión atmosférica se equilibra con el viento. La diferencia en temperaturas se compensa por el cambio térmico. Dondequiera que exista el potencial excesivo de cualquier energía surgen las fuerzas equiponderantes orientadas a la eliminación de distorsiones.

(Del libro: Reality transurfing. El espacio de las variantes.
Del autor ruso Vadim Zeland)

martes, 20 de septiembre de 2011



La Vera
Eva Palencia


Este verano he viajado por Extremadura de nuevo. He visitado sitios en los que había estado con anterioridad y me han parecido distintos y a la vez familiares. Todo ha cambiado ligeramente con el tiempo: nuevas carreteras, casas, plazas, salas de exposición, bares y restaurantes, nuevos cultivos. Sin embargo mis sensaciones allí siguen siendo las mismas, hay algo muy profundo que me devuelve a la persona que era y que aún sobrevive un poco escondida, transformada por otros paisajes y vivencias, pero inalterable en lo más básico y primigenio.

sábado, 17 de septiembre de 2011



En el patio de mis padres (Hinojal)
Eva Palencia

La parra cubre el patio casi por completo. Los pequeños huecos que dejan algunas hojas permiten la entrada de algún qué otro rayo de sol. Esta mañana un racimo estaba iluminado. Las uvas parecían de cristal.

Plantas en el monasterio de Guadalupe
Eva Palencia

El amor es una energía muy poderosa. A veces me asusta y la quiero sacar de mi cuerpo, encerrarla en un cofre y guardar la llave y así tratar de domarla, pero es incontrolable, no puedo. Por eso me asusta, porque me abduce y me roba parte de mí, y me siento insegura y débil en algunos momentos.

miércoles, 31 de agosto de 2011


La piscina del hotel (Salou)
Eva Palencia

Hace cuatro años comencé a nadar habitualmente. Me di cuenta que nadando podía abandonar mi mente junto a la toalla y así dejar de pensar. También, a veces, asombrosamente, conseguía quitarme el corazón antes de zambullirme y dejaba de sufrir durante treinta largos. Nadar me salvó. Por eso, desde entonces, cuando viajo me aseguro que todos los hoteles a los que voy tengan piscina, por si acaso, de repente, la vida intenta ahogarme de nuevo.

martes, 9 de agosto de 2011


Lavanda (La Provenza)
Juan Miguel Fernández

Hoy he vuelto a casa y, al salir al patio, me he asustado al ver el canalón hecho pedazos. He supuesto que un fuerte viento lo ha tirado y despedazado contra las plantas que yo había colocado unas al lado de las otras, para que se refrescasen y acompañasen en mi ausencia. De haber estado allí, quién sabe, podría haberme caído en la cabeza y haberme matado. No lo he recogido y, con sumo cuidado, he cerrado la puerta del patio y he vuelto a marcharme sin deshacer la maleta, convencida de que aún no ha llegado el momento de convertirme en quien suelo ser.
Eva Palencia.

lunes, 1 de agosto de 2011



Saintes Maries de la Mer
Eva Palencia

Me gustan los deportes de riesgo aunque yo no practico ninguno. Cuando conozco a gente que hace alpinismo, se tira en paracaídas o se lanza desde un puente, la observo y luego paso al interrogatorio. ¿Por qué?
La respuesta suele ser vaga y yo sigo con mis cuestionamientos. Creo que me gusta la gente rara, en toda la amplitud del adjetivo. Creo que no entender tiene sentido.

martes, 17 de mayo de 2011


El pozo
Eva Palencia

En el pozo hay una mano negra que sale si te asomas. Yo nunca me asomé hasta hoy. Fui protegida por la cámara y la mano no salió. Esperé durante horas y nada y entonces me cansé y disparé. Mi padre se asustó y me regañó y yo puse la cámara en el suelo y lo abracé. Volví a mirar ya sin cámara y la vi. No era negra, como siempre habían dicho, era una mano pálida, sin vida.

Tu cuello
Sara Gómez

Me gusta besarte el cuello. Cuando me apetece morderlo me reprimo y simplemente lo rozo con mis dientes. Me alejo a veces de él, tratando de aplacar las ganas y, cuando ya se calman, me acerco de nuevo y lo paseo con mi lengua. Adoro tu cuello, la delicadeza de la piel, la transparencia... Me gusta dormirme acurrucando mi cabeza en él, tapándome con tu pelo si hace frio.

jueves, 12 de mayo de 2011


Pavo blanco
Eva Palencia

Ayer daba un paseo por los maizales. Había muchas flores silvestres, de mil colores. Inspiré lentamente su agradable aroma con los ojos cerrados. Intenté descifrar hacia dónde me llevaba el olor. Después, las desnudé una a una e introduje mis ojos en su complejidad interior. Hice un viaje al mundo minúsculo, ese que reproduce el galáctico, y, al regresar, recordé las palabras de Roy en Blade Runner:

Yo... he visto cosas que vosotros no creeríais...
atacar naves en llamas más allá de Orión,
he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta Tannhäuser.

Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.

Es hora de morir.

"Yo no he visto tanto", pensé, y seguí mi camino.

martes, 10 de mayo de 2011


Sahara
Juan Gálvez

Yo quería ir a la escuela. Le daba la tabarra a mi madre cada día y ella, cansada de oirme, me llevó. La maestra dijo que aún no tenía la edad, que tenía que esperar, y nos volvimos a casa de nuevo. Mi madre se puso a barrer y yo salí al corral y empecé a matar hormigas.

viernes, 6 de mayo de 2011


Desfile de carrozas (Marchamalo)
Eva Palencia

Hace poco, de forma casual, descubrí por qué me apasiona Oriente. Había entrado en una librería y en la zona de libros de arte comencé a hojear uno sobre China. Me detuve, inconscientemente al principio, ante una lámina que ilustraba a una mujer con quimono frente a un paisaje. Yo había estado allí, hacía mucho tiempo, cuando, de niña, copié esa misma escena en la escuela de mi pueblo. El pasado se presentó de sopetón, ante esa imagen que convivió conmigo un par de tardes, puede que más. El pasado y la razón de mi interés por lo oriental.

lunes, 25 de abril de 2011


Rodeando el Lago de Bañolas
Eva Palencia

Ya hablamos poco, comentamos las cosas del dia a dia, el tiempo que hace, lo que ha dicho mi hermana, lo que vamos a comer o cenar. Para qué hablar a estas alturas. Son demasiados años compartiendo el despertador, las tardes del domingo, las desgracias comunes y las que no lo son y que han acabado siéndolo. No hay fronteras entre nosotros, sólo transparencias.
Caminamos al unísono y del brazo y me gusta mucho más de lo que me gustaba antes, cuando todo era un misterio.

viernes, 15 de abril de 2011


Suavidad
Sara Gómez

Hoy me he despertado a las siete y cuarto, como casi siempre, y no me he levantado hasta y media. Ese cuarto de hora es una eternidad que me amenaza a diario, cada vez que, por sumirme en experincias que no pertenecen ni al sueño ni a la vigilia, pierdo la noción del tiempo y luego, entre topezones y prisas, consigo no llegar tarde al trabajo.
Tengo una buena relación con las sábanas y mantas de mi cama. Las quiero y me adoran. Nos abrazamos cada noche y así nos despertamos. Ellas me hacen soñar y yo las acompaño en esa soledad que sufren las cosas. Nos llevamos muy bien y, por eso, nos añoramos en la distancia. Mañana, por ejemplo, las echaré de menos, pero sólo en parte, pues aunque mañana ya no estaré en mi casa, ni en mi cama, podré prolongar mis sueños, mi tiempo nocturno, y también esos minutos tan extraños que preceden a la activación de mis extremidades.
Me voy de vacaciones.